miércoles, 14 de mayo de 2014

¿TUS EMOCIONES TE ALIMENTAN?

A continuación se van a exponer una serie de situaciones, te invito a que las leas tranquilamente. Una vez las hayas leído, valora en qué medida te suceden o te han sucedido.
o  Has terminado de comer, te has tomado un plato completo y abundante y, a los 10 minutos, te entran unas ganas irrefrenables de comer algo más, generalmente dulce.
o  Te descubres como un/a autómata buscando, desesperadamente, chocolate por la casa, en cada uno de los armarios, en la despensa, ...
o  Estás en el sofá, descansando y no dejas de pensar en la bolsa de patatas fritas que tienes en la cocina. No te puedes concentrar en otra cosa, sólo tienes en tu cabeza un puñado de patatas fritas que no dejan de darte vueltas. Una y otra vez, tú te dices que no debes comerlas pero no puedes evitar ir a buscarlas.  Encima, si terminas comiéndotelas, te sientes culpable.
o  Te ha ocurrido algo estresante o triste en el trabajo, con tu pareja o tus amigos/as, llegas a casa y lo único que deseas es tomar algo dulce o cualquier otro tipo de comida "rica". No tienes hambre, sólo es deseo y buscas comida de forma compulsiva, ...
o  Te das un atracón mezclando distintos tipos de comida, sin pensar en las consecuencias y en lo que estás comiendo. No eliges, sólo comes.
o  Se te cierra el estómago cuando tienes alguna preocupación y te alimentas con muy poco durante un día entero.
            
Si te ves reflejado/a en alguna de estas situaciones o tienes algún familiar en el que ves estas situaciones de forma frecuente, probablemente te interese seguir leyendo este artículo.

Hay muchas personas que se pasan la vida entre dietas y prohibiciones, pensando que tienen un problema con la alimentación, cuando su verdadero problema lo tienen con sus emociones. Las situaciones que se han mencionado y otras similares son señales que pueden estar indicando una gestión incorrecta de las emociones,  no es hambre.

¿A qué llamamos alimentación emocional? Como indica su nombre, la alimentación emocional es "comer atendiendo a cómo se encuentran mis emociones". Es comer para consolarse, por estrés,  aburrimiento, soledad,  frustración, felicidad o como respuesta a otras emociones en lugar de comer para nutrirse o porque realmente se siente hambre. Cuando no sabemos canalizar bien nuestras emociones, intentamos mejorar nuestro estado emocional, en este caso con alimentos. La alimentación emocional ocurre cuando no sabemos diferenciar entre el hambre y las emociones. Es fundamental que el momento de la comida nos provoque bienestar, pero esa sensación no debe confundirse con una herramienta para calmar todas las emociones.

¿En qué se diferencia la alimentación emocional y el hambre?
En general, la alimentación emocional llega rápidamente, sin aviso. Suele desencadenarla un hecho concreto o un cambio de humor, se sacia normalmente con un alimento específico, poco saludable. Por el contrario, el hambre se acumula lentamente, es el resultado de tener el estómago vacío y puede satisfacerse con una gran variedad de alimentos. 
A lo largo de nuestra vida vamos haciendo muchas asociaciones entre las emociones y la comida. En las películas se ha asociado frecuentemente el malestar con la ingesta de comida calórica. Hemos visto mil veces a un protagonista (generalmente mujer) que  ante el desamor, se toma una tarrina de un kilo de helado con el objetivo de llevar un poco mejor ese malestar y desahogarse.
Es fácil también ver como padres, madres, abuelos/as recompensan el buen comportamiento de los niños con chucherías, helados o dulces. Así,  el valor simbólico de esta comida poco saludable se vuelve mayor.   
Una alimentación emocional es poco saludable porque...
  •     Provoca que se consuman más calorías de la cuenta y, a largo plazo, aparezca sobrepeso u obesidad.
  •     Puede generar sentimiento de culpa al no ser capaz de frenar esos impulsos, unos impulsos que están haciendo daño a tu cuerpo.
  •     Hace que al confundir las emociones con hambre, comas pero no soluciones realmente el problema emocional de base porque no eres consciente de lo que te pasa.
  •     Puede hacer que te sientas mejor durante un breve período de tiempo, pero no resuelva ningún problema.
Es importante acudir a un profesional cuando comer a escondidas, comer más cantidad cuando estás triste o sentirte culpable se convierte en algo habitual en tu vida. Aprenderás a canalizar tus emociones. 

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